lunes 1 de septiembre de 2008

Los rastros del clima
(Interpretación del paisaje)


La naturaleza se muestra con muchas caras. Se nos muestra en forma de colores, texturas, sonidos, olores, sensaciones,... La estudiamos los especialistas y la disfrutamos sus amantes.
Disfrutarla es sencillo, solo es cuestión de dejarse llevar, estudiarla es harina de otro costal.
Cada especie que estudiamos tiene sus propios requerimientos, unas tienen territorios en tres dimensiones, otras solo en dos. Unas dependen del tipo de vegetación, de parámetros de humedad, temperatura o simplemente de que dispongan de una zona de encame adecuada.
Cuando las estudiamos anotamos todos los parámetros que nos pueden ayudar a entender como viven, como actúan, como son.
Les ponemos trampas fotográficas, de olor, para cogerlos vivos, interpretamos los rastros que nos dejan en sus desplazamientos cotidianos... Observamos sus huellas, sus encames, los lugares por donde se mueven para decidir por donde encaminar el estudio que vamos a realizar, son seres vivos y al moverse nos dejan estos rastros. Gracias a ellos podemos estudiarlos y conocerlos.
Pero los que tienen plumas y pico, escamas, quitina o pelo y colmillos (con los que no dudan en "marcarnos") no son los únicos que dejan rastro. Estos "otros" también son importantes en el devenir de las vidas de la fauna y la flora y en la nuestra.
Estos "otros" se muestran de formas llamativas a veces (incluso espectaculares), otras de una forma sutil, como si no estuvieran. Pero son básicas para que podamos entender a una especie y su relación con el biotopo o para entender un biotopo o un bioma.
Y su mayor o menor vistosidad no se correlacionan con su importancia, osea, pueden no hacer notar su presencia pero ser muy importantes, o viceversa.
Son parte del medio y los sentimos cotidianamente y aunque no son seres con pelo, pluma, quitina o escamas, también dejan rastro.
Disfrutamos de nuestras vivencias en la naturaleza, sea trabajando, sea como aficionados. Sentimos la temperatura, la humedad, la dureza o la suavidad del medio y nos impresiona a veces en forma de rayos, aludes, heladas o avenidas,...
Los rastros del clima han recibido poca atención, tan apenas se habla de ellos y menos se publica, pero son básicos. Unos afectan de forma puntual, pero otros son vitales para interpretar el medio, o incluso para nuestra propia supervivencia.
Conocer el medio en es básico para interpretar lo que vemos.
Unas plantas solo crecen en zonas de suelos revueltos, en zonas de secano o húmedas, frías o calurosas. La presencia de una determinada especie nos habla del clima y del medio. De la misma forma la presencia de determinada roca o condiciones físicas nos indicarán que especies podemos encontrar, pero también que peligros podemos correr o cosas curiosas que observar.

Los climas
Cuando estudiamos la geografía aprendemos los distintos tipos de climas, en la península el predominante es el Mediterráneo, pero este adquiere muchas caras dependiendo de las condiciones geográficas y de su latitud. La vegetación es el principal rastro de cada uno de los climas y sub climas. En lugares con un gran gradiente de altitud en poco espacio se puede apreciar muy bien esta sucesión de climas y vegetación. Partiendo de un gran valle, el del Ebro por ejemplo, con un clima continental extremo y muy xérico donde domina la estepa, seguida del pino carrasco y la sabina, llegamos a Huesca capital con un clima mediterráneo continental donde la encina es la reina. Subiendo hacia el Pirineo llegamos hasta el clima atlántico de los valles occidentales donde predomina el haya, pero ¿que pinta una mancha de encinar aislada a 1400msnm en Villanúa o Hecho (Huesca) y con las primeras hayas cerca de las últimas encinas?. Este hecho se produce en los valles que se cierran en grandes barrancos y se vuelven a abrir más arriba, el barranco es un límite insalvable para los climas que tiene al norte y al sur, los Pirineos tienen un buen número de ejemplos. Pero también se puede encontrar un rodal de robles en medio de los sabinares Monegrinos,...
Conocer las especies clave nos permite conocer el clima o el microcrima de la zona donde nos encontramos, son su rastro.

El agua
Un puñado de hojarasca y ramillas en la cruz de un sauce o el distinto color de la pared de roca nos indican el nivel máximo de las crecidas que ese río alcanza. En la cola de los pantanos suelen crecer sauceras, estos árboles echan raíces a lo largo del tronco si durante parte del año los cubre el agua, la altura a la que llegan estas raíces indica el nivel del pantano. Si el río es pequeño o mediano las grandes avenidas acaban tumbando árboles y dando grandes bocados en las orillas e incluso cambiando el cauce.
En años secos unas fuentes aún siguen manando, en años excepcionalmente lluviosos el agua mana por multitud de poros de la piel de la montaña y aunque solo ocurra cada muños años, dejan rastro por donde manan, rastro que se va perdiendo con los años, hasta que vuelven a manar o a rellenarse si se trata de una zona de inundación. Las pinguicolas y los musgos señalan muy bien la abundancia de agua superficial.
La humedad en zonas de abundancia de sales en la tierra hace aflorar estas a la superficie, dejando el nivel marcado por una costra, línea o manchas de sal. Esto se puede ver tras una época húmeda o como consecuencia de los regadíos.
Tras fuertes lluvias también aparece un rastro peculiar en suelos planos o casi con poca vegetación en forma de cordones compuestos de ramillas y hojarasca arrasradas por el agua que forman pequeños o grandes semicírculos.
Pero hoy estamos en Andalucía, paseando por una de sus sierras, de repente un pinsapar, ¿quien diría que estamos en el punto más lluvioso de la península Ibérica?
Y el color del agua, el agua no tendrá color pero se tiñe fácilmente del color de la tierra por donde discurre, más intensamente contra más fuerte ha sido la tormenta. Si el río que observamos discurre por tierras con distinto color, el que adquiere el río nos indica donde fue la tormenta y su intensidad.
También unas gotas de lluvia dejan su marca sobre el barro o sobre tierra polvorienta.

El hielo
El hielo sobre un charco resulta llamativo, pero no todos los aficionados conocen el rastro del hielo en el barro. Ni el rastro que deja una semana de -10° en la vegetación o como afecta esta temperatura a las distintas especies. Hasta -5° lo toleran bien las plantas silvestres, a partir de aquí la cosa cambia. El invierno de -12° en Zaragoza de principios de los 2000 arrasó con plantas que tenían decenas de años y no dejo una sola maceta en los balcones. Las mimosas, las palmeras y los eucaliptos se helaron, pero volvieron a brotar a la primavera siguiente. Malvas y sonchus también se helaron pero sin llegar a morir, a las dos semanas ya empezaban a reponerse. Muchas ni lo notaron.
A los ladrillos rojos les justa poco las grandes heladas y acaban deshaciéndose como arena fina en lugares fríos.
Sin llegar a estos extremos muchas mañanas aparecen con un manto blanco cubriendo la vegetación, es la escarcha. La escarcha es el rastro matutino de un atardecer de invierno con un cielo claro y sin viento, si a penas hiela aparece la escarcha. El viento mezcla las temperaturas de todas las zonas donde bate uniformizándolas, cuando se para, el aire cálido sube ladera arriba y el frío caé al fondo del valle generando las heladas y la niebla. A menudo la noche anterior a que se eche la niebla o la escarcha las estructuras metálicas en la calle o determinadas rocas aparecen húmedas.
Las nubes impiden que el aire frío ascienda manteniendo la temperatura más cálida, por lo que las noches nubladas no se producen heladas ni nieblas.

La nieve
Es bonita unos días y un incordio más allá. En las zonas donde es habitual la vegetación y la fauna cuentan con su presencia, pero donde no es habitual sus consecuencias son distintas. En cualquier caso cuando es una gran nevada deja un rastro de ramas partidas por el peso de la nieve. En las zonas de alta montaña la nieve del invierno deja tras de sí avalanchas que arrasan barranqueras. En unos barrancos todos los años se producen aludes, en otros de vez en cuando y en algunos son excepcionales, el tipo y el tamaño de la vegetación que cubre estos barrancos nos indican la incidencia, la potencia de los aludes y la antiguedad. El valle de Estós en Benasque (Pirineo aragonés) es fabuloso. Su ladera a cara sur es una salpicadura de barranqueras arrasadas por aludes, en unas aparecen miles de jóvenes árboles creciendo apretadamente y por los que tan apenas se puede andar. Otras son lenguas de centenares de metros de desnivel que en la época de floración de los rododendros es un espectáculo de color rosa entre verdes praderas. Cuando llega un invierno especialmente nevado los aludes arrasan todo y durante años los troncos de los árboles abatidos nos lo recuerdan.

El granizo
Un puñado de granizo gusta, mucho y muy grueso asusta, además deja un buen rastro. Años después de una gran granizada la chapa de muchos coches sigue recordando el evento. Pero puede tener otros efectos, durante semanas las hojas, rasmas y frutos abatidos se esparzen por el suelo y si una de estas grandes granizadas cae sobre una somera charca repleta de renacuajos, todos acaban muertos.

El viento
Este meteoro causará a cada cual unas sensaciones distintas, más o menos placenteras, al margen de vendavales puntuales, pero para los que nos ha tocado el valle del Ebro por morada no es un meteoro del que no tengamos opinión. Ramas partidas, acumulaciones de capitanas (salsola kali) a sotavento, árboles claramente creciendo orientados en una dirección,...
El viento deseca y cuando un valle, como el del Ebro, se encuentra orientado en la dirección del viento dominante mucho más, llegando a influir notablemente.

El calor
La temperatura media es importante pero no dice mucho, lo que si nos dice son los extremos, pues son el parámetro realmente condicionante, sobre todo cuando se alía con extremos en la humedad. Temperaturas extremas habitualmente no permiten la instalación de determinadas especies de plantas o su fenología esta muy determinada en esta zona, frente a otra zona cercana con condiciones distintas. Pero existe una frontera entre una zona y otra y esta frontera refleja los cambios. Así, un verano estadísticamente seco, los arces del valle de Canfránc (Pirineo aragonés) se muestran otoñales a mitad de agosto. Y en el centro del corazón de una zona determinada, pongamos por caso la de clima mediterráneo, las plantas tienen claro que de vez en cuando llega una año extremadamente seco, por lo que en mitad del verano tiran las hojas (caso de la coscoja, entre otras) pareciéndonos una imagen otoñal.
Pasear por un bosque de hayas a principios de julio es un espectáculo, el manto verde claro brillante es espectacular, pero que ha ocurrido un año dado para que este color se haya trasformado en un verde-oscuro-pardo a principios de julio...No es la capa de ozono, simplemente una helada tardía que pilló a las jóvenes hojas ya crecidas.
La vegetación nos habla tanto de las condiciones generales del medio, como de acontecimientos puntuales. Un año seco sufren los árboles, unos más que otros, pero cuando todos los saucos (muy pocos y refugiados en zonas muy concretas) y especialmente pinos piñoneros (restos de su aprecio en tiempos pasados) de la ciudad de Zaragoza y su entorno se secan a final de los años noventa, nos están hablando de una sequía importante, pues aunque los saucos son de vida corta los pinos piñoneros tenían más de 50 años.
Pero entrados en la canícula del verano y paseando por los eriales nos pueden sorprender pequeños (y a veces no tan pequeños) tornados de polvo que recorren capricosamente el paisaje y aunque todos imaginen los tifones en el Trópico también podemos verlos en la Costa Brava.
La niebla
Este meteoro es de sobras conocido en dos zonas bien distintas, o alta montaña (especialmente en los collados) o justo lo contrario: el fondo del valle. Si el valle es pequeño no se nota mucho, pero si es un gran valle la cosa cambia. Si además está incrustado en el norte, de la península ibérica por ejemplo, y en un fondo muy fondo con una altitud media de menos de 300ms rodeado de cotas de entre 3.000, por el norte, y más de 1.000 por el resto, las consecuencias son bien notorias.
Las condiciones que generan la niebla pueden ser muy distintas dando lugar a nieblas espesísimas, claras o altas, éstas últimas parecen nubes.
Además la niebla puede empaparlo todo, en Zaragoza se le llama niebla pichera, pero si la temperatura es muy baja toda esta humedad se hiela y plantas, farolas, vallas, etc acaban cubiertas de una capa de hielo dirigida en una determinada dirección, de donde sopla una suave brisa tan apenas imperceptible, es la Cencellada. En ocasiones muy concretas se produce un fenómeno muy curioso, es el Dorondón: las minúsculas gotitas de agua en suspensión que forman la niebla se hielan, cayendo al suelo y pudiendo ser confundido con una suave nevada de nieve en polvo, que no ostante puede terner varios centímetros de espesor.
Si la niebla en un gran valle contribuye a la presencia de una vegetación determinada, en la montaña contribuye a la presencia de los hayedos, muy ligados a la humedad ambiental. Cuando esta humedad ambiental es extrema no suele haber mucho cambio en las especies arbóreas y arbustivas, pero los líquenes y los musgos acaban cubriéndolo todo.

Luces en el cielo
Todos hemos visto el Arco iris y todos hemos comentado lo hermoso que es, enfrentado a un cielo oscuro en plena tormenta veraniega. Pero ¿cuantos han advertido que en el exterior del arco principal suele aparecer una copia invertida con los colores más atenuados?
El Arco iris es media circunferencia, pero también es posible ver un Arco iris completo cuando el suelo está cubierto de nieve polvo y un fuerte viento la levanta, cubriendo la atmósfera de millones de gotitas de nieve en polvo, en estas condiciones al mirar al sol, este aparece rodeado de un arco iris. También aparece alrededor de la luna cuando el cielo está semi cubierto de nubes altas y al borde de algunas nubes durante el día, pero este último fenómeno solo se ve con gafas de sol.

Las nubes
El tipo de nubes nos habla del tiempo atmosférico, incluso la estela de los aviones nos indica las condiciones de la zona que surca el avión. Las nubes que más inmediatamente nos dan información son las de tormenta, las vemos crecer por momentos para de repente extenderse plana como si tocara techo, es una capa de distinta temperatura.
En cada zona el clima tiene sus peculiaridades y especialmente en zonas de montaña donde se puede interpretar muy bien ciertos detalles, una nube en tal collado y con viento de tal dirección trae la lluvia o el calor,... La Raca (niebla en el collado de la Raca) y el cierzo van unidos en Canfránc (Pirineo oscense) y el dicho dice “puerto claro, ribera oscura, agua segura”. La intensidad y la zona hasta la que desciende la niebla en la parte alta del valle nos indica la fuerza del viento en la parte baja y viceversa.

El rayo
Aunque no se hable mucho de ello todos los años muere gente a causa de los rayos. Es curioso el tipo de consecuencias de un evento tan potente, pues igual que puede matar, pueden dejar mal herido o no dejar la más mínima consecuencia, en las personas. En un árbol también deja un rastro distinto dependiendo de las circunstancias. Por lo general impactan en la punta del árbol, bajando por el tronco hasta el suelo y la marca que deja es muy llamativa: un decortezamiento de unos 5cms de ancho desde arriba hasta el suelo, unas veces casi en línea recta y otras dando una vuelta al árbol.
Pero también puede impactar en un árbol y saltar a otro partiendo ramas gruesas, o saltar a la casa vecina,...
Grandes árboles aislados en cualquier lugar son candidatos a tener la marca del rayo, hayas y abetos aislados en la pradera alpina o un gran pino piñonero en un parque a la orilla del mar, como el Pino Redondo de Cambrils (Tarragona). Pero un lugar fijo donde encontrarlos son las crestas de las montañas y algunas altiplanicies en lugares muy determinados. Encima del aula de naturaleza de Cedrillas (Teruel) hay una planicie donde es fácil encontrar un motón de árboles marcados en poco rato, ello nos indica que es un sitio peligroso, el lugar más excepcional que he visto en muchos años.

El Fuego
El fuego ha sido injustamente vilipendiado, señalado casi como uno de los jinetes del Apocalipsis. Sí que es verdad que cuando se abate sobre una comunidad las perdidas pueden ser devastadoras, pero es una parte imprescindible de nuestro entorno mediterráneo. En la naturaleza un fuego perjudica a unos, pero beneficia a otros. Pasear en la primavera siguiente a un incendio es un espectáculo fascinante de color, pues las pocas especies que sobrevivieron (sobre todo las que estaban protegidas en forma de bulbo o rizoma) rebrotan sin competencia con otras especies y con un suelo abonado, resultado: una floración espectacular de muskari, narcissus, asphodelus,...
Seguidamente rebrotan de sus cepas todas las especies del género quercus y las cistáceas encuentran su paraíso. Todo se regenera y años después los troncos en pie nos recuerdan el acontecimiento, el estado y estadio de la vegetación el tiempo que hace que ocurrió.

La fauna
En las zonas de montaña vive una hormiga que construye sus hormigueros amontonando acículas de pino. Curiosamente unas veces todos los nidos alcanzan un metro de altura y en otras apenas alcanzan 20cms., ¿Por qué?, Cuando los nidos son altos los meses siguientes serán húmedos, de lo contrario secos. Se ha usado a la sangriguela, las ranas o incluso algún pez.
En lugares como el valle del Ebro la avefría no es un animal abundante y cuando en invierno empiezan a aparecer el frío las sigue. En el invierno de 1985 miles de avefrías ocuparon el valle, pero 10 años más tarde peores condiciones no trajeron avefrías. La respuesta es que la ola de frío de 1985 heló Europa y sus avefrías se vinieron aquí, incluso cisnes cerca de Zaragoza capital, en la siguiente no se heló el continente y solo hubo movimiento de las aves regionales.
Las tradiciones populares, con mayor acierto en unos casos que en otros, recogen muchos eventos relacionados con el clima y los animales.

Fenología
Dependiendo del clima de cada año las especies adelantan o retrasan su fenología, pero también cambia la variedad y la abundancia de muchas especies de animales, especialmente insectos. Aquí es difícil diferenciar el impacto de la evolución de los distintos ecosistemas por la maduración de la vegetación frente al del clima cambiante. Pero sí que es fácil apreciar ligeros (y a veces no tanto) cambios. El verano de 2007 fue la primera vez en 30 años que la colonia de aviones comunes de mi barrio no crió, la sequía fué debastadora.
Los distintos tipos de insectos varian de un año a otro o a lo largo del tiempo.
Así pues cada año, especialmente algunos, tiene sus señas de identidad. El año 2008 en Zaragoza ha dejado el siguiente rastro:
- Ha sido el año con menos grillos y cigarras que se pueda recordar.
- Ha sido el año de las mariquitas, más que nunca y de un pequeño escarabajo.
- Muy pocos insectos, ni la blanquita de la col se come las coles de mi huerto.
- Las noches han sido las más silenciosas (sin insectos) que se pueda recordar.
- No ha habido tan apenas cucarachas.
- Tan apenas se han visto murciélagos.
- ...
Y no solo años, támbién épocas: la Pequeña edad del hielo (Edad Media) dejo su rastros en las montañas europeas, más visible si cabe en estos momentos de deglaciación. Cuando un glaciar llega a su final deposita las piedras, ramas o tierra que arrastra y forma una morrena. En los glaciares ibéricos se apecian las morrenas de las úlimos dos siglos y por debajo de ellas las de la pequeña edad del hielo. Pero estas morrenas de la PEH pueden pasar desapercibidas al estar cerca de las actuales, pero una morrena a 20 kilómetros de un glaciar nos habla de una verdadera glaciación, por encia de Biescas (Pirineo aragonés) la carretera corta una. Llama la atención por ser un cordón de tierra y piedras (similar a una gravera) perpendicular al valle atravesada por la carretera.

Geología
Estos rastros son los del clima, pero en la naturaleza también dejan rastro los distintos tipos de roca, especialmente el yeso y la caliza, en forma de un tipo de vegetación determinada o la presencia o ausencia de agua superficial. La antiguedad de la roca también deja huella en la orografía o en la presencia de conos de deyección, dolinas y simas.
Pero sobre todo la geogología ejerce un fuerte impacto en el clima de detrminadas zonas en el caso de la presencia de grandes montañas o incluso pequeñas. La cara norte y la cara sur acogen tipos de vegetación bien distintos aún en el caso de pequeños montes de decenas de metros de altura, en el caso de cientos o miles de metros de desnivel la diferencia es absoluta.
Si las grandes montañas se encuentran perpendiculares a la dirección dominante del viento se produce el efecto Foehn. En Pirineos es evidente el resultado: 835mm anuales de lluvia en Jaca (Pirineo oscense) y más del doble en su equivalente francés, vegetación esteparia y encinar de secano en Huesca y robledal en su equivalente.
Contra más alta es la montaña, más potente es el efecto, en el caso del Himalaya la parte que recibe la lluvia tiene el punto más lluvioso de la tierra, en el otro el desierto del Gobi...
Si el Foehn nos trae la niebla en la montaña, la inversión térmica la trae en el fondo del valle. Las nubes (la niebla) se forman al enfriarse una capa de aire, da igual la temperatura de la que parta. Se puede enfriar cuando asciende por la ladera de la montaña (Foehn) o cuando se estratifica en capas al cesar el viento, puesto que el aire frío pesa más se hunde en el valle mientras las capas más cálidas flotan por encima. La capa de aire frío se va comprimiendo y generando la niebla.
Partiendo del borde del valle del Ebro aparece el pino carrasco y las primeras coscojas, seguidamente las encinas; por encima el roble y en la Ibérica y Pirineos aparece el haya por encima de este. Es una sucesión lógica de árboles de clima cálido y seco a unos de clima frío y más húmedo. Pero en un valle relativamente grande como el de Ordesa (Pirineo aragonés) con un fuerte impacto del fenómeno llamado "inversión térmica" las hayas se encuentran en el fondo del valle y las encinas por encima, el mundo al revés.
Siguiendo con el valle del Ebro al fuerte impacto del efecto Foehn se le suma su casual orientación: Noroeste-sureste, justo la dirección del viento dominante que se encaja en el valle desecando la poca lluvia que cae.
En el caso del valle del Ebro la consecuencia es que su vegetación no solo está emparentada con la del resto de su entorno si no con la de las estepas asiáticas, 3.000 kilómetros al este, o Tabernas en Almería, 800 al sur. En Zaragoza capital no existe de forma natural un bosque (exceptuando el soto) y la estepa de romero y tomillo es el climax, le sigue el pino carrasco y la sabina. En el límite de la niebla empiezan a aparecer las encinas.
La Tierra está viva, todos los factores atmosféricos inciden sobre el sustrato y lo modifican dejando rastros de su actividad: conos de deyección, meandros abandonados, dolinas, simas, chimeneas de brujas...
También las fuerzas internas de la Tierra actuan y han actuado dejando rastro de su paso en forma de antiguos volcanes, pliegues, fallas...
Todas estas fuerzas actuando han modificado la fisonomía del terreno hasta hacerla casi irreconocible y creando una amalgama de rocas y tierras muy diferentes. Y no es lo mismo un tipo de roca o tierra que otro para la vegetación.
La vegetación
La vegetación es producto de una serie de factores todos muy influyentes: la cantidad de lluvia, la insolación y las temperaturas todos ellos dependientes de la fisonomía del terreno. El agua es el más importante, con 400mm anuales de lluvia no puede haber hayas. Pero el agua cae sobre el suelo y el tipo de tierra o roca es determinante para muchas especies. Las hayas nos indican nieblas, el carrizo en pleno secano humedad freática, la albada o el asnallo yesos...
Hay plantas que solo crecen en suelos ácidos, otras solo en calizos; pocas soportan los yesos y menos aún altas concentraciones de sales. Incluso las hay especialistas en el fuego, son las prirófitas, nuestro clima tiene una buena lista: encinas, jaras...
El fuego ha sido injustamente vilipendiado, señalado casi como uno de los jinetes del Apocalipsis. Sí que es verdad que cuando se abate sobre una comunidad las perdidas pueden ser devastadoras, pero es una parte imprescindible de nuestro entorno mediterráneo. En la naturaleza un fuego perjudica a unos, pero beneficia a otros. Pasear en la primavera siguiente a un incendio es un espectáculo fascinante de color pues las pocas especies que sobrevivieron (sobre todo las que estaban protegidas en forma de bulbo o rizoma) rebrotan sin competencia con otras especies y con un suelo abonado, resultado: una floración espectacular de muskari, narcissus, asphodelus,...Seguidamente rebrotan de sus cepas todas las especies del género quercus y las cistáceas encuentran su paraíso. Todo se regenera y años después los troncos en pie nos recuerdan el acontecimiento.
Historia
También la historia deja huella, los enormes cambiós producidos en el último siglo en España han dejado un rastro llamativo y abundante. ¿Que hace un chopo o un nogal en mitad de un robledal de montaña?, señalar un pueblo abandonado. ¿Y unos bojes creciendo espigados a la sombra de un hayedo?, decirnos que ellos nacieron en una pradera que más tarde fue invadida por el bosque, una pradera salpicada de rodales de endrino y árboles jóvenes es el primer paso...
¿Una ladera aterraza con muretes o muros de piedras cubierta de un hayedo o robledal?, antiguamente fue pasto o tierras de cultivo y posteriormente abandonada, esto se ve en muchos sitios. También los chopos cabeceros nos hablan de su explotación en un pasado reciente así como rodales de plantas (aguaturma o apio caballar) raras cerca de campos de cultivo.
En muchas zonas las aguas freáticas se encontraban muy superficiales lo que impedia su cultivo para ello se excavaron canales de drenaje que bajan la capa freática. Se les diferencia de los canales de riego por el tipo de agua y por la vegetación acuática que puede crecer por ser aguas permanentes.
Y el rastro en el que creo que todos estaremos de acuerdo que es el más agradable de descubrir es el de los desagües cusurados, recuerdo de un desastre que poco a poco va quedando para la historia, aunque aún le queda camino que recorrer.

De cara a una futura publicación dedicada a los rastros del clima y a la interpretación del medio solicito a los aficionados fotos e información tanto de hechos generales, como propios de zonas determinadas (caso de la Raca en Canfránc) sin olvidar tracidiciones, refranes o dichos populares acerca del tema.

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